Nuestro viaje comienza temprano, alrededor de las 6:30 de la mañana, cuando salimos de San José rumbo a las montañas de Turrialba. Dejamos atrás poco a poco el movimiento de la ciudad para adentrarnos en un paisaje cada vez más verde, donde las montañas, los cafetales y los pequeños poblados anuncian que estamos entrando en una de las regiones más interesantes del país.

El recorrido hacia el Monumento Nacional Guayabo es, por sí mismo, una experiencia. Conforme avanzamos hacia Cartago y posteriormente hacia la zona de Turrialba, el paisaje cambia y la carretera nos conduce hacia un territorio dominado por montañas, ríos y bosques. En días despejados, las vistas de la Cordillera Volcánica Central hacen que el trayecto sea todavía más espectacular.

Después del recorrido y de una parada para desayunar en el camino, continuamos hacia nuestro destino: uno de los sitios arqueológicos más importantes de Costa Rica.

Al llegar al Monumento Nacional Guayabo comienza nuestra caminata por un lugar que nos permite acercarnos a la vida de las sociedades que habitaron esta región hace muchos siglos. Guayabo no debe entenderse simplemente como un conjunto de piedras antiguas. Es una ciudad precolombina que evidencia conocimientos de ingeniería, arquitectura, manejo del agua y organización social.

Nuestra caminata nos lleva primero por los principales sectores arqueológicos. Uno de los elementos que más llama la atención es el acueducto, una extraordinaria muestra del conocimiento hidráulico de sus antiguos habitantes. Los canales y estructuras construidas para conducir y controlar el agua nos permiten imaginar la importancia que este recurso tenía para la comunidad. Observamos cómo el agua podía ser dirigida y aprovechada, demostrando que existía una planificación cuidadosa del asentamiento.

Continuamos nuestro recorrido por las antiguas calzadas, caminos construidos con piedra que comunicaban diferentes sectores del asentamiento. Caminar por ellas permite comprender que Guayabo no era un lugar aislado, sino un centro organizado donde existían espacios destinados a diferentes actividades. Las calzadas también nos ayudan a interpretar cómo se desplazaban sus habitantes dentro de la ciudad y cómo se conectaban las distintas estructuras.

A lo largo del recorrido encontramos los famosos montículos, plataformas circulares que constituyen algunos de los elementos arquitectónicos más representativos de Guayabo. Sobre estas estructuras se levantaron antiguamente construcciones de materiales perecederos, por lo que hoy podemos observar principalmente las bases de piedra que permanecieron después del paso de los siglos.

Mientras caminamos entre los montículos, resulta inevitable imaginar cómo habría sido este lugar en su época de mayor actividad: viviendas, espacios ceremoniales, caminos, personas desplazándose y una comunidad organizada alrededor de un sistema que aprovechaba los recursos naturales de su entorno.

Otro de los elementos interesantes del recorrido son las gradas y estructuras de acceso, que muestran diferentes soluciones arquitectónicas utilizadas para comunicar los espacios. Cada piedra forma parte de un conjunto mucho mayor y nos ayuda a comprender la complejidad de esta antigua sociedad.

También tendremos la oportunidad de observar diferentes miradores naturales, desde donde podemos apreciar el paisaje que rodea el monumento. La relación entre el asentamiento y su entorno natural es fundamental para comprender Guayabo. El bosque, los ríos, las montañas y la abundancia de agua no fueron simplemente el escenario donde se construyó la ciudad; fueron elementos esenciales para su existencia.

Durante la caminata también prestamos atención a la naturaleza que rodea el sitio arqueológico. El bosque permite observar diferentes especies de árboles, plantas, aves y otros representantes de la biodiversidad de la zona. Esta combinación de arqueología y naturaleza convierte la visita en una experiencia especialmente enriquecedora, porque mientras descubrimos la historia de los antiguos habitantes también comprendemos la importancia del ambiente que los rodeaba.

Después de completar nuestro recorrido arqueológico, dejamos atrás Guayabo para continuar hacia un lugar seleccionado para disfrutar de un almuerzo en ruta. Es el momento perfecto para descansar después de la caminata, compartir las experiencias del recorrido y disfrutar de la gastronomía de la región.

Luego del almuerzo iniciamos nuestro viaje de regreso hacia San José. El camino nos permite contemplar nuevamente los paisajes de la campiña y las montañas de la región de Turrialba, antes de comenzar el descenso hacia el Valle Central. El regreso es también una oportunidad para recordar todo lo aprendido durante el día. Guayabo nos deja una visión diferente de la historia de Costa Rica: una historia que comenzó mucho antes de la llegada de los europeos y que estuvo protagonizada por sociedades capaces de desarrollar complejas formas de organización, arquitectura e ingeniería.

Finalmente, alrededor de las 6:00 de la tarde, estaremos de regreso en San José, después de una jornada completa que combina historia, arqueología, naturaleza, cultura y gastronomía.

Ha sido un viaje de un solo día, pero la experiencia nos permite recorrer siglos de historia. En Guayabo, cada calzada, cada montículo, cada canal de agua y cada piedra nos recuerda que mucho antes de que existieran nuestras ciudades modernas, en estas montañas ya florecía una sociedad con conocimientos y una profunda relación con su entorno natural.

CR₡ 49.000°° P/Persona

Turrialba

CR₡ 47.000°° 2° Persona

CR₡ 45.000°° 3 +

Monumento Nacional

Guayabo